TOC Hostel&Suites

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Es Domingo de Ramos en Sevilla, «la caló» aprieta, aglomeraciones de gente por todas partes con sus mejores vestimentas para la ocasión. Las señoras combaten el tiempo a base de golpe de abanico, los caballeros «enchaquetados» se aflojan la corbata y los niños se quitan las rebecas. El sol brilla desde lo alto haciendo lucir un principio de Semana Santa inmejorable. 

Me encuentro con mi familia pateando media Sevilla para conseguir llegar a ver una procesión desde la otra punta (no me pidáis recordar cuál procesión era, ya que me sé mis favoritas y para de contar). Al llegar al lugar en concreto para nuestra desesperación, nos comenta una mujer que ya se ha situado en primera fila para ver la procesión sin haber pasado aun ni un nazareno, que la cofradía va con una hora de retraso. Los tacones empiezan a hacer estragos. Es en este punto cuándo decidimos que ya es hora de un descanso y un refrigerio (llámese Cruzcampo). Empieza la operación búsqueda y conquista de una mesa en un bar de Sevilla en un Domingo de Ramos, tarea ardua y cuánto menos difícil.

Probamos en varios bares de la zona (Avenida de la Constitución) sin suerte. Al fin vemos la luz al final del túnel y vislumbro una mesa a lo lejos con dos sillas,  «las otras cuatros que nos hacen falta ya me encargaré de conseguirlas» (pienso para mis adentros). Voy casi al galope para llegar antes que nadie, lo consigo, pero se me acerca el camarero y me comunica con altivez: «aquí es obligatorio consumir medias raciones o raciones». Parece como si mis pies tuvieran vida propia y a modo de latigazo de dolor ladraran al escuchar al camarero.

Levanto la vista y a lo lejos veo una mano salvadora avisándome que disponían de otra mesa en el bar vecino. Voy volando, pesar de los tacones, hacia la conquista. Me fijo en el bar, es nuevo, o por lo menos era desconocido para mi. Tiene un aspecto inmejorable, «modernito» pero sin desentonar con Sevilla, amplios ventanales de cristal con actual y simple logotipo, techos altos y decoración sencilla, cálida y bien cuidada. Los camareros hicieron aparecer de la nada, en unos segundos, todas las sillas que necesitábamos y aun mejor, seis Cruzcampo, que como si de un antídoto  se tratara, nos recargó de energía para continuar viendo procesiones hasta la una de la madrugada.

Aquí os dejo la url del bar/hostal: http://tochostels.com/sevilla/es para que podáis conocerlo más en profundidad y saber lo que ofrece. Viendo estas fotografías que me hice el otro día al pasar por allí (no el Domingo de Ramos, así no iba vestida) podéis hacer os una idea de como es:

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