Comete la vida (segundo asalto)

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Fuente de imagen www.twitter.com/Maskalata_Sev

Otra semana que me lanzo a la calle en busca de la mejor cena en Sevilla. Despierto todos mis sentidos. Con la vista amplio mi radar de búsqueda. Con el oído percibo los bares más ambientados. Con el olfato sigo los olores más atrayentes. Dichos olores entran por los orificios de mi nariz e inundan mis pulmones. ¡Bingo! bar a la vista. Es el bar Maskalata, situado justo donde antes debiera estar La Tata. He usado tres de mis cinco sentidos y voy despertando mis otros dos sentidos para que se preparen y pasen a la acción.

La ola de calor (de todos los veranos) empieza a hacer estragos en Sevilla, así que para aplacarla antes de la Cruzcampo mejor una Cola Cola bien helada. La Coca Cola desaparece como por arte de magia. Junto con las bebidas nos ofrecen unas aceitunas de aperitivo. Esto es una grata sorpresa para mi ya que es una costumbre que al parecer está cayendo en el olvido entre los bares sevillanos. “Minipunto” de entrada para Maskalata.

Al leer el nombre del bar lo asocio con que toda la comida será servida directamente en latas. No ando muy desorientada pero he de puntualizar este detalle. La comida se sirve en latas pero está elaborada y cocinada. Otro “minipunto”, productos de calidad y bien tratados. El servicio fue muy cercano pero con respeto y las tapas volaban de la cocina a nuestra mesa. Me sirvieron mi tapa de lasaña de salmón fresco y mi sentido del gusto se puso en alerta.

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Foto tomada directamente en Maskalata

Al fin mi sentido del gusto se deleitó con la lasaña de salmón fresco. Y no solo con la lasaña, también con el divino acompañamiento, una ensalada de pasta riquísima. Todo enmarcado en un trozo de pizarra cuadrado con el logotipo a modo de plato. El negro resaltaba los colores de la comida y lo que me entró por la vista mejor me entró por la garganta.

La guinda del pastel vino de la mano de la casa. Pues al pagar la cuenta cuando ya pensaba que “estaba todo el pescado vendido” apareció ante nosotros el camarero con una bandeja repleta de sorbetes. Durante lo que duraron los sorbetes el infernal verano de Sevilla se convirtió en un gélido invierno como los tantas veces mencionados por los Stark en Juegos de Tronos.

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Foto tomada directamente en Maskalata

Con el “fresquito de los sorbetes aun en el cuerpo” cruzamos a la acera de en frente de la Avenida de la Buhaira y llegamos al última parada el Charlotte. La noche tuvo su broche de oro gracias a la compañía y el delicioso Long Island Ice Tea.

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