CAP 3 «HAY ALGUIEN AHÍ» TEMPORADA 1ª DE “EL FASCINANTE CAMINO HACIA LA MUERTE”

En otras ocasiones os he hablado de las batallas del día a día. Hasta ahora el peligro se hallaba más allá del umbral de la puerta del hogar. La tan famosa ahora zona de confort consistía en el echarme por encima una simple mantita calentita. Pero.. ¿Qué pasa cuándo el mal acecha debajo del mismo techo que resides?. ¿Qué ocurre cuando vives en el constante e inquietante estado de estar siempre en alerta en un entorno inseguro? Es más, y si la zona de confort simplemente desaparece…

Bienvenidos al capítulo más terrorífico hasta el momento en la vida de Nora. Que tiemble Stephen King.

Después del arduo día de trabajo y de la hazaña de hacer la compra a las 9:00h pm para conseguirme una cena me di una reconfortante ducha de agua hirviendo. Me puse mi pijama más agradable recién limpio. Me metí en la cama bajo una espesa mole de mantas, edredón y sábanas listas para estrenar. Cerré los ojos olvidándome del mundo. Era una de esas noches en que el cansancio puede con todo lo demás y disipa cualquier pensamiento o preocupación. Mis finos párpados me apartaron de la realidad  y me llevaron hasta los más profundo de mis subconsciente. Fue una de esas noches en las que dormida parece haber pasado toda una vida.

Abrí los ojos y me encontraba sentada en un trono hecho todo entero de la piedra preciosa verde esmeralda andaluz, de la Macarena o del Betis. De hecho frente a mi había un largo pasillo provisto de hileras de estandartes con un escudo muy semejante al del Betis, lo único que cambiaban eran las siglas N.A. (Nora Azpeitia) y la figura de una hermosa serpiente bordada. Era reina de toda una fortaleza y mis súbditos eran ciudadanos fieles, refinados con un exquisito gusto por la moda, cine y música. Lo tenía todo a mi alcance y me atendían de maravilla. Pero pasaron los días y me empecé a aburrir. No me dejaban hacer nada por mi misma. Todo era demasiado fácil. Un día todo dio un vuelco.

Mi más leal consejero Laureano con ojos desorbitados me comunicó que habíamos sido rodeados por temibles Vikingos dispuestos a atacar en cualquier momento. La lucha fue encarnizada, al principio yo disponía de una gran ejército. Yo me limitaba a dar órdenes y trazar estrategias desde la barrera. Vi poco a poco como mis hombres se desmoralizaban. Los Vikingos luchaban mirando a la muerte y riéndose de ella. Tenía miedo, lo palpaba y me paralizaba. Me recompuse como pude tiempo después y reuní el poco valor que me quedaba. Salí a alentar a mis combatientes pero comprobé que mis palabras no ejercían el efecto deseado. Enseguida comprendí que con solo palabras no iba a calar en su coraje. Lo siguiente fue como hacer puenting. Arrebaté la espada a mi guardia más cercano y degollé a zafio vikingo más cercano. Entonces lo sentí. Volvía en mí. La sangre se me aceleraba. Me puse a pelear como si danzara entre los vikingos arrebatando vidas. Mis hombres bramaron y atacaron con ferocidad con la valiente idea de la única existencia del presente. Recordad que esto es un sueño, así que esta orgía de sangre y cuerpos desmembrados tenía como banda sonora la canción de «Cuando nada, vale nada» de «Soziedad Alkoholika».

De repente todo quedó congelado, literalmente. Una mirada de azul glacial pero en llamas avanzaba hacía mi desafiante. Frente a frente ya, tiramos las armas y os aseguró que ahora la danza que se bailó nada que ver tiene con la muerte. Cuando la danza cesó una semana había pasado. El mundo seguía en su estado vegetativo. Ideamos un plan. Emparejamos a casi todos mis fieles con los aguerridos vikingos. En cuanto nosotros nos besamos todo cobro vida y nuestro beso fue replicado por los miles de hombres que nos rodeaban. Ya no éramos ni vikingos ni azpeitianos éramos ciudadanos la tierra. Todos juntos viajábamos por el ancho mundo y destruíamos fronteras morreándonos (y lo que surgiera) con los de primeras contrincantes.

Desperté con una sonrisa en la cara pero con la sensación de que me había pasado factura el empacho de la maratón de las series Vikingos y Rick y Morty del finde semana. Ya no poseía ni un trono esmeralda, ni un reino ni me liaba con un aguerrido vikingo pero la sensación de poder era la misma dentro de mí. Era invencible hasta que vi una gran sombra pasar rápidamente por el pasillo. ¿que será?¿Un ladrón?¿Un fantasma?¿Una alucinación?¿Sigo dormida? Mi imaginación suele crear monstruos mucho más terribles de lo que luego me encuentro realmente pero en esta ocasión…

¡¡¡¡¡UNA CUCARACHA!!!!! ¡Horror máximo! Cualquier cosa antes que eso hubiera preferido. La vi adentrarse en la cocina. Sobra decir que esa mañana me quedé sin desayuno. Al día siguiente no vi ninguna pero el miércoles ahí estaba otra vez. El jueves su prima apareció en la ducha. El viernes se me cayeron las llaves antes de poder abrir la puerta, me temblaba la mano. Las imaginaba por todas partes cualquier sombra, cualquier beta del parqué me las recordaba. Corría de una habitación a otra. La mitad de los días no tomaba el café, dormía con un ojo abierto. Cerraba la puerta de mi cuarto y me encontraba a salvo. Un horripilante suceso me hizo reaccionar. Iba a hacer la colada y de entre mi sucio sujetador del montón de ropa salió una cucaracha. Solté el barreño y huí despavorida. No podía seguir así.

Me acerqué al chino de la esquina y salí de allí armada hasta los dientes. «Flis flis», «producto de barrera anti cucarachas», «trampas» etc. Les había declarado la guerra. Ellas contraatacaron y con la subida de las temperaturas empezaron a salir más. Se habían extendido hasta el rellano, Un día llegué 20min tarde a clases de pinturas pues encontré una cucaracha madre que tardé medio bote y una vida en matarla. No me separaba de mi arma. Recordé mi sueño y lo fácil que era aniquilar vikingos comparado con las cucarachas que ahora me asediaban. Recobrada mi valentía mi cordura retorno.

A la siguiente mañana, temprano salí al pasillo hondeando la bandera blanca en son de la paz. Dejé de huir y de atacar había llegado la hora de parlamentar. Aparecieron cucarachas de todos los rincones y frente a mi formaron entre todas un gran megáfono para así su líder poder dialogar conmigo. Les comuniqué mi decisión de abandonar el piso y cedérselo. Impuse dos condiciones. La primera que usaran sus contactos  y me buscaran un buen piso céntrico que fueran aun más barato que el actual. La segunda y más importante me llevaría conmigo una colonia de cucarachas para así confraternizar con posibles futuras plagas en el piso nuevo. No tardaron en aceptar, su bando había sufrido notables bajas. Tras la reconciliación y beneficios para ambas partes hicimos una gran fiesta de despedida.

Había llegado el momento del cambio más arriesgado, ahora mi hogar era el mundo, lo único seguro era yo y además contaba con unas pequeñas pero escurridizas aliadas.

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