CAP 2 «MOVIDAS RARAS EN EL SUPERMERCADO». TEMPORADA 1ª DE «EL FASCINANTE CAMINO HACIA LA MUERTE»

Referencia de imagen «Nora Gouma»

Allí estaba yo de nuevo en ese punto. ¡Lo logré! ¡Piso nuevo! ¿Y ahora qué? pues la rutina, la vida tal cual. Día tras día, noche que sucede a la noche. Duerme, trabaja, come, caga y ve el Netflix, HBO, Youtube o lo que te de la gana. Pasaba el tiempo, no atendía a nada en concreto, me dejaba llevar, dispersa me hallaba. Pero la paz es frágil, e incluso cuando lo aparente es un mar en calma la guerra fría hace de las suyas.

Toda historia tiene un contexto, que se lo digan a La Inquisición, Hitler, la esclavitud, racismo o los miles de años de represión a la mujer. Pues os pongo en honda, coged la frecuencia que no se pierda en autopistas ni en remotas tierras fronterizas. El día, uno de esos cualquiera de otoño, marrón caca, cuando el cambio de hora ha llegado a nuestras vidas y la luz del día dura menos que una jornada laboral.

A partir de ahora el post se pone algo llorica. Mi día comenzó negro no por triste, no, sino porque a las 6:30 de la mañana cuando amanecí aun era noche cerrada. Salí a la calle y me llevé la primera «guantá» de gratis, deferencia del frío mañanero «calaero». Corrí hacia el metro. Busqué desesperadamente la tarjeta bono hasta que debajo del móvil, cartera, llaves, barra de labios, libro y paquete de cleenex las alcancé. La gente corría a mi alrededor hacía el vagón, yo impasible continué mi senda hacia el inevitable destino escrito. ¡EL TRABAJO!. Pasada una hora, tres vagones diferentes y mucho «sudorsillo» propio y ajeno por la calefacción y muchedumbre antagónica a la solitaria «invernalia» del mundo exterior; al fin entré en la fortaleza de cristal dispuesta a dejarme los piños y currar como una hormiga.

No os daré la chapa de lo sucedido durante las 9 horas de mi estancia en Mordor, eso da para otro post, por ahora dejaré a vuestra imaginación rellenar ese espacio tiempo con todo tipo de horas, minutos y segundos repletos de aburrimiento. La vuelta, otros tres vagones, olor corporal, jaleo humano, demorgorgones y después de cinco escaleras mecánicas.. ¡Victoria! ¡Conseguí salir del inframundo!. Cierro ciclo, vuelvo al punto de partida del post y e aquí el meollo de la cuestión, la duda existencial de todos los tiempos, ese momento de la vida por el que todo ser humano tiene que pasar ¿Qué ceno yo ahora?.

Referencia de imagen «The Lando of Shadow«

Tendréis que esperar una horita más de zumba para saber la respuesta a dantesca incógnita. Menos mal que el tiempo aquí no pasa como en la realidad. Gracias por esperar. Salí del gimnasio decidida hacía el «súper». Serán 5min pensaba yo, algo falicito, lo compro y que el microondas haga el resto. Entré en el recinto y al parecer no era la única con la duda existencial de el ¿Qué ceno? Había trasgos, elfos, trolls, duendes, liliputienses e incluso humanos.

Avancé por el primer pasillo, mejor ir en orden, pensé. Anduve y anduve sin éxito, por más que caminaba el pasillo se hacía más y más largo. Cuando creía llegar al final del pasillo me encontraba en el comienzo de nuevo. Iba a agarrar las preciadas tortilla pre-cocinadas y se apartaban asustadizas escondiéndose detrás de las hortalizas. Desistí e indulté a la tortilla por esa noche. ¡Volveré! La amenacé. En seguida una luz en mi mente me mostró el camino, «¡Salsichas!», como a mi me gusta llamar a las salchichas. Esperanzadora entré en el segundo callejón pero… ¡Todo era productos de la limpieza! ¡No puede ser, ayer mismo estaba todo de otra forma!. Pregunté a una hadita que encontré ordenando los «fairys», muy amable me informó que ahora las «salsichas» se encontraban en el último pasillo. Por el camino encontré varios obstáculos, un atasco de carritos, peleas de trolls por el brebaje más ardiente para sus gaznates. Los esquivé con un grácil movimiento aprendido en el pilates. Los paquetes al paso del cuarto pasillo empezaron a caérseme encima, pequeños duendecillos desde las estanterías los arrojaban, a mi cabeza, a mis rodillas, ¡A todas partes! Esta vez fue la clase de combat la que me salvó. Hice patadas voladoras, puñetazos que ni Rocky Balboa, redireccioné los paquetes con mis golpes y cayeron uno a uno e incluso dos de un tiro hasta quedar todos los duendecillos noqueados.

Últimos dos pasillos. El penúltimo ¡El pasillo de las tentaciones!. Las voces empezaron como un susurro, luego tornaron en agradables melodías hasta alcanzar el grado de cantos de sirenas. ¡Cógeme! ¡Cómprame! ¡Estoy delicioso! ¡Chocolate! ¡Chorizo! ¡Pizzas! ¡Cervezas!. Mi mano casi estaba ya posada sobre el paquete de 12 botellines de Cruzcampo. Mi otra mano se topo con algo en el bolsillo ¡Los cascos!. Los enchufé al móvil. Activé el Spotify y puse a toda leche a Queen ¡I want to break free! E igual que en el trabajo me ayuda a hacer oídos sordos con los imbéciles, en ese momento me hizo inmune a las tentaciones.

Ultimo pasillo. Cánticos celestiales. «Salsichas», queso, pan de ricos de cereales y trigo, todo juntito y con ofertas. Feliz, rebosante de dicha me abalancé a la comida. El suelo tembló, a ambos laterales de las estanterías los alimentos se fueron hacia atrás, atrás muy atrás hasta quedar dos pasadizos por los que asomaron para mi fascinación dos esfinges.

-Antes de comprar un acertijo has de acertar.

-Pero estoy cansada, he trabajado duro durante nueve horas, he madrugado, cogido seis trenes, he ido al gimnasio y ahora estoy famélica, hambrienta. Me comería el súper entero.

-No es suficiente. Nunca lo es hasta que nosotras lo decidimos.

-¡Adelante! ¡Decidlo de una vez!

-¿Has calculado cuánto da la suma de los productos que quieres comprar?

En mi cerebro mis neuronas hicieron millones de conexiones hasta llegar a este camino: Comida+Total de 5,90€+Dinero en mi cartera, monedillas de 1, 2 y 5 céntimos que no hacen ni un euro+Mínimo para comprar con tarjeta  6€= ¡No puedo comprar mi deseada e inalcanzable cena!

Horror, terror, pánico, sudorsillo frío, cajero a 2km a una temperatura de casi 0º. Chispazo mental. Me puse de nuevo el Spotify, esta vez Manowar «Carry on», corrí hacía el pasillo de los cantos de sirena, cogí el dorado pack de 12 botellines de Cruzcampo y volví hacía las esfinges. Las miré con «sonrisilla» picarona mostrando el pack.

-Efectivamente, has hecho lo correcto, te lo mereces, esa es tu recompensa por tu día duro e interminable, ya podemos retirarnos.

Se esfumaron, el pasillo volvió a la normalidad. Me hice con todo lo necesario y acudí con brío al cajero. La cola era enorme, el cajero con desgana, masticaba chicle y despachaba. No tenía, ni tampoco vosotros ahora, tiempo para esa espera. En esa situación no me hicieron falta clases de pilates, Spotify ni ningún añadido, solo yo y mi poder mental, ese que me mantiene cuerda cada día de intensa jornada laboral. Les dije -¡Dejadme pasar!- Como si de una fuerza invisible se tratará se apartaron y el cajero me atendio rápidamente.

Me encontraba ya en mi kelly, calentita con mi guarro sándwich de «salsichas» bañadas en ketchup y queso en mano cuando de repente… ¡¿QUÉ ALMUERZO MAÑANA?!

 

 

 

3 thoughts on “CAP 2 «MOVIDAS RARAS EN EL SUPERMERCADO». TEMPORADA 1ª DE «EL FASCINANTE CAMINO HACIA LA MUERTE»

  1. is cialis covered by medicare

    Do you mind if I quote a few of your posts as long as I provide credit and sources
    back to your website? My blog site is in the exact same area
    of interest as yours and my users would definitely benefit from some of the information you present here.
    Please let me know if this okay with you. Thanks a lot!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *