CAP 1 “HAY QUE SER IDEALISTA PARA ENCONTRAR PISO EN MADRID”. TEMPORADA 1ª DE “EL FASCINANTE CAMINO HACIA LA MUERTE”

Idealista

Nora es mi nombre. Por el momento os basta con eso. No necesitáis saber nada más concreto de mí.

En las “pelis” suele haber una historia con su principio y final. Siento ser tétrica, pero creo que no os desvelo nada sí os digo que el final verdadero de nuestra existencia es la muerte. No se nace, crece, madura y “ea”, ala a vivir feliz como una perdiz. No, no es interminable (Michael Ende),  nos suceden mil historias a lo largo de nuestras vidas y la realidad es que las hay lineales, otras que no, algunas acaban bien, muchas no tanto. Historias que quedan en pausa por un tiempo, que se reanudan cuando menos lo esperamos, vamos, una telaraña hecha con filigrana de lo más compleja. Por esto mismo lo que aquí nos incumbe es la vida misma, su rutina, sus desventuras, obligaciones, deberes, pasiones… Aviso al consumidor, lo admito, voy a ser pretenciosa. Iré más allá del fin de la “peli”, el libro o cómic. Contaré todo lo que sucede una vez cierras esa página, sales del cine, o apagas cualquier aparato electrónico que utilices (tv, ordenador, tablet, etc). Mis historias nunca acaban, ni siquiera en el punto final de estos posts. Citando a Hook:

“- Así que se acabaron tus aventuras.
– ¡Oh no! ¡vivir! ¡vivir será una fantástica aventura!”

Hook

Todo el mundo habla de lo difícil que es encontrar trabajo en estos tiempos que corren. Es verdad, es costoso, extenuante y al fin después de varios meses, algún que otro curso y proyecto suelto ¡Premio! ¡Lo conseguí!. Y allá que me fuí a hacer los “madriles”… por segunda vez. Aterricé en el chulapo barrio madrileño Chamberí. Allí pasé varios meses en la mejor compañía, con mis amigas y en un piso más que confortable. Parecía el final feliz de una “peli” después de capítulos de mucho esfuerzos, que no vienen ahora al caso, para llegar hasta donde estaba.

Antes comentaba de lo agotable de encontrar trabajo, pues yo inocente de mí no alcanzaba a imaginar la aventura que acababa de empezar, “La búsqueda de piso”. Pues cuando algo termina solo es un receso en la carrera para coger aliento y continuar, continuar corriendo a contrarreloj hasta la muerte. Tranquilos que no es ningún rollo deprimente pues creo que para poder disfrutar y valorar nuestra existencia hay que quitar todo tipo de tabú y aceptar nuestra muerte como algo muy real y como parte del todo lo vívido. Por eso esto no va de que todo sea una mierda o Wonderful sino de algo mucho más complejo.

Mr Wonderful

Mr Wonderfuck

En esta nueva historia de búsqueda, idealista y fotocasa se convirtieron en mis grandes aliados. Los consultaba por la mañana, tarde y noche, me enganché tanto a esas apps tanto que al whatsapp lo dejé marginado. Entre trabajo, gimnasio, clases de pintura y cervecitas encajé las visitas a pisos. Básicamente mi rutina consistía en: Desayuno, dos metros, trabajo, más trabajo, almuerzo, aún más trabajo, dos metros, gimnasio/pintura y visitas a pisos, llegando así una media de las 11:00h pm a mi hospedante casa. Mis ojeras naturales llegaron a ser como túneles en mi cara que travesaban mi cabeza con un horizonte negro, muy negro.

Vi mucha peña como yo, jóvenes y ya no tan jóvenes, compartiendo piso, llegado a fin de mes como podían, vamos como todo hijo de vecino. Conté mi vida a esos desconocidos una y otra vez. Chica, diseñadora gráfica, 26 años, responsable, sociable, que le gusta pintar, el cine… Pero siempre la fortuna era la misma o sea la misma que la de un gato bizco pasando por debajo de unas escaleras un martes 13.

El piso que ese día me tocaba era en un bajo subterráneo. Bajé por unas oxidadas escaleras y ya desde la calle podía percibir el hedor. Al lado de la puerta había dos bolsas de basura rebosantes de…, hablemos claro, MIERDA mucha MIERDA. Llamé al timbré, estaba deseosa de que me abrieran, pues una de las moscas me miraba con muy malos ojos es decir 8003 ojos clavados en mí. Al abrirse la puerta desee entonces salir despavorida. Era grande gordo, sucio, malholiente, lo peor, lo peor… su piel era de un horrendo verde intenso, no como el del Betis claro sino verde pantano. Lucía grandes colmillos, orejas peludas y una andrajosa melena negra. Efectivamente, se lo que pensáis, exactamente era un troll. Mi exquisita educación me impidió salir como alma que lleva el viento. A pesar de sus “pintas” resultó ser muy amable y atento. Andrés (el troll) me ofreció agua para combatir el calor, en su casa había aire acondicionado, era el cielo comparada con el infierno de la calle. El piso resultó ser muy amplio. Me auto convencí que eran más los pros que los contras. Lo peor estaba por llegar… Al final del pasillo me esperaba la cocina. Una interminable pila de platos se mantenía en pie gracias al apoyo de envases de plástico, la grasa cubría casi toda la hornilla, comida a medio comer o mejor dicho musgo, abarrotaba la encimera.  Hubo un instante que fue el decisivo y es que a pesar de que mi anfitrión era bonachón simpático y con sentido del humor, para mi gusto llevaba una dieta muy especial. Me ofreció una cerveza bien fría y tapa de CUCARACHAS bien vivas también.

Seguí contándole mi vida a desconocidos incansablemente. Creo que la vez más agotadora fue aquella que tuve que subir a lo alto de una torre en un castillo, lamentablemente no tenía ascensor ya que el edificio tenía más de mil años. La escaleras acara-coladas se estrechaban más y más al subir. Aquello equivalió a un mes de gimnasio. Al final resultó todo en vano pues era “abuardillado”, el único lugar del ático donde podía estar recta era en el sitio de la nevera. Ya me extrañaba a mí que en el anuncio pusiera no más altos de 1,60 metros, básicamente era literal que alguien más grande no cabía. Me despedí amablemente del “duendecillo” y a otra cosa mariposa.

Se me acababa el tiempo y empezaba a desfallecer, la fatiga hacía mella en mí. Hubo un piso que era ideal, grande, luminoso, amueblado, impoluto, hasta con lavavajillas. Solo tenía una pega, era la morada del Gigante Estrella. El gigante insistió en que me quedara a vivir pero al intentar verme en el espejo del cuarto de baño solo conseguí vislumbrar una pizca de mi pelo azul. Podría seguir contando desventuras sobre otros recónditos lugares como la torre de Babel “malasañera”, la casa de la primitiva vieja loca de los gatos, el piso nómada que cambiaba de lugar. Incluso vi el de varios amigos de amigos, pero en mi caso los contactos no funcionan.

“In extremis” a tan solo una semana de la llegada del novio de unas de mis amigas, al fin me hice con un piso. Hice la visita con una amiga y esa fue mi mejor carta de presentación se los metió a todos en el bolsillo. Y es que a veces que el ser uno mismo no es la mejor solución.

El piso no estaba mal. El barrio inmejorable, grande, luminoso, una compañera, Belle, hada de las flores y otra, una elfina danzarina, Violeta. Al principio de este post comentaba que algunas historias quedan en pausa, esta es una de ellas. Convivía con una familia de liliputieneses cuyo hijo era todo un trasto, un bicho, su pasatiempo favorito era chillar a pleno pulmón. Así que decrépitas criptas madrileñas temed me porque “La búsqueda” continuará…

 

3 thoughts on “CAP 1 “HAY QUE SER IDEALISTA PARA ENCONTRAR PISO EN MADRID”. TEMPORADA 1ª DE “EL FASCINANTE CAMINO HACIA LA MUERTE”

  1. SchenectadyDee

    Hola! I’ve been following your site for some time now and finally
    got the courage to go ahead and give you a shout out from Kingwood Texas!

    Just wanted to say keep up the great job!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *