Author: lolaazcoytia

Las semanas eran un círculo vicioso. En mi mente poco a poco se fue materializando un presente muy diferente al que me enfrentaba cada amanecer. Un presente que instalé en mi ser como proyecto de futuro. En ese futuro yo tenía alas, volaba hacía el sur. Construía una reluciente casita brillante de zafiro con vistas al rió verde esperanza bañado por un sol muy cercano y dorado que daba calidez a mis aposentos. Daba rienda suelta a mis creaciones.

Fantaseaba con dejarlo todo, pero sabía que tenía que jugar bien mis cartas. Comencé a tejer mi tela de araña. En mi tiempo libre me dediqué a entrenarme, desde mi  habitación hacia llegar palomas mensajeras por todo lo ancho y largo del país para dar a conocer mi trabajo a ofrecer.

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Por fin todo fluía tras un tiempo turbulento de inestabilidad.  Caminaba por las bulliciosas calles de Madrid, el humo pasaba a través de mis pulmones y el maravilloso ruido de los coches es música para mis oídos. Me sentía poderosa, invencible, madre de dragones, serpientes y unicornios. Había encontrado un techo para vivir y no solo eso, una pandilla que se convirtió en mi familia madrileña.

Caía la tarde en el piso y nos no hace falta mucho para montar una buena jarana. Empezamos con exquisitos manjares italianos y pócimas burbujeantes y chispeantes. Empezamos cuatro pero a la media hora nos hemos multiplicado. Cuando ya no cabemos más en el salón nos expandimos a la cocina. Allí nos esperaba el señor oruga tras una capa de denso humo hipnotizante. Los relucientes azulejos hacen las veces de bola de cristal. A las 2 de la mañana surge un concurso de baile improvisado una rana cubana, un fuego fatuo, una araña con marcadas en cada una de sus patas y yo. Sobra decir que triunfé por todo lo alto.

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En otras ocasiones os he hablado de las batallas del día a día. Hasta ahora el peligro se hallaba más allá del umbral de la puerta del hogar. La tan famosa ahora zona de confort consistía en el echarme por encima una simple mantita calentita. Pero.. ¿Qué pasa cuándo el mal acecha debajo del mismo techo que resides?. ¿Qué ocurre cuando vives en el constante e inquietante estado de estar siempre en alerta en un entorno inseguro? Es más, y si la zona de confort simplemente desaparece…

Bienvenidos al capítulo más terrorífico hasta el momento en la vida de Nora. Que tiemble Stephen King.

Después del arduo día de trabajo y de la hazaña de hacer la compra a las 9:00h pm para conseguirme una cena me di una reconfortante ducha de agua hirviendo. Me puse mi pijama más agradable recién limpio. Me metí en la cama bajo una espesa mole de mantas, edredón y sábanas listas para estrenar. Cerré los ojos olvidándome del mundo. Era una de esas noches en que el cansancio puede con todo lo demás y disipa cualquier pensamiento o preocupación. Mis finos párpados me apartaron de la realidad  y me llevaron hasta los más profundo de mis subconsciente. Fue una de esas noches en las que dormida parece haber pasado toda una vida.

Abrí los ojos y me encontraba sentada en un trono hecho todo entero de la piedra preciosa verde esmeralda andaluz, de la Macarena o del Betis. De hecho frente a mi había un largo pasillo provisto de hileras de estandartes con un escudo muy semejante al del Betis, lo único que cambiaban eran las siglas N.A. (Nora Azpeitia) y la figura de una hermosa serpiente bordada. Era reina de toda una fortaleza y mis súbditos eran ciudadanos fieles, refinados con un exquisito gusto por la moda, cine y música. Lo tenía todo a mi alcance y me atendían de maravilla. Pero pasaron los días y me empecé a aburrir. No me dejaban hacer nada por mi misma. Todo era demasiado fácil. Un día todo dio un vuelco.

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Referencia de imagen «Nora Gouma»

Allí estaba yo de nuevo en ese punto. ¡Lo logré! ¡Piso nuevo! ¿Y ahora qué? pues la rutina, la vida tal cual. Día tras día, noche que sucede a la noche. Duerme, trabaja, come, caga y ve el Netflix, HBO, Youtube o lo que te de la gana. Pasaba el tiempo, no atendía a nada en concreto, me dejaba llevar, dispersa me hallaba. Pero la paz es frágil, e incluso cuando lo aparente es un mar en calma la guerra fría hace de las suyas.

Toda historia tiene un contexto, que se lo digan a La Inquisición, Hitler, la esclavitud, racismo o los miles de años de represión a la mujer. Pues os pongo en honda, coged la frecuencia que no se pierda en autopistas ni en remotas tierras fronterizas. El día, uno de esos cualquiera de otoño, marrón caca, cuando el cambio de hora ha llegado a nuestras vidas y la luz del día dura menos que una jornada laboral.

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