Month: febrero 2017

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Soy M-U-J-E-R con todas las letras. El resto puede llamarme como quiera, femenina, feminista, feminazi… Pero lo que yo simplemente siento que soy es que soy mujer. Y para mi esa palabra no tiene ninguna connotación de inferioridad, incapacidad u obligación de ser de determinada manera. Ser más delicada, más sofisticada, más sensible, complicada, dedicarme a determinadas profesiones, cobrar un salario inferior por mi sexo, gustarme solo un tipo de películas, series, libros… vestirme más o menos tapada, maquillarme o no. Y un sin fin de cosas más. Esto os suena verdad, en mi anterior post «Soy un ente poliédrico« ya trataba el tema sobre como a una persona le pueden gustar cosas a priori completamente diferentes a la vez, tema bastante relacionado con el que nos concierne ahora. Este post en concreto no es ninguna reivindicación (aunque lo parezca), no defiendo nada ni denuncio que por otra parte quién lo quiera hacer me parece que tiene toda su libertad, derecho y es estupendo que lo haga desde el respeto. Pero yo no, en esta ocasión claro. Pues cuando en mi día a día me comporto de manera chocante para personas machistas (que pueden ser tanto hombres como mujeres) a veces, no lo hago por reivindicación, ni en plan «mira yo también puedo«, no, actúo así porque me sale natural.  El rollazo, sí, el ROLLAZO es que nos obliguen a demostrarlo y que se dude, me parece una GILIPOLLEZ el simple hecho de que se dude.

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