Month: abril 2015

festival cine malaga 2015Cómo si de una puesta de largo se tratase, la ciudad de Málaga ha celebrado por todo lo alto el 18 cumpleaños de su Festival de Cine. Podríamos decir que esta cita anual del séptimo arte se ha convertido en toda una mujer y han sido muchos los que han asistido a la celebración de su mayoría de edad.

Concretamente 122.000 espectadores han acudido en masa a disfrutar de las películas y las distintas actividades que se han proyectado y celebrado durante el Festival, mejorando los datos de participación que se barajaron el año anterior. Pero no solo en volumen de participantes sigue creciendo el Festival.

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Es Domingo de Ramos en Sevilla, “la caló” aprieta, aglomeraciones de gente por todas partes con sus mejores vestimentas para la ocasión. Las señoras combaten el tiempo a base de golpe de abanico, los caballeros “enchaquetados” se aflojan la corbata y los niños se quitan las rebecas. El sol brilla desde lo alto haciendo lucir un principio de Semana Santa inmejorable. 

Me encuentro con mi familia pateando media Sevilla para conseguir llegar a ver una procesión desde la otra punta (no me pidáis recordar cuál procesión era, ya que me sé mis favoritas y para de contar). Al llegar al lugar en concreto para nuestra desesperación, nos comenta una mujer que ya se ha situado en primera fila para ver la procesión sin haber pasado aun ni un nazareno, que la cofradía va con una hora de retraso. Los tacones empiezan a hacer estragos. Es en este punto cuándo decidimos que ya es hora de un descanso y un refrigerio (llámese Cruzcampo). Empieza la operación búsqueda y conquista de una mesa en un bar de Sevilla en un Domingo de Ramos, tarea ardua y cuánto menos difícil.

Probamos en varios bares de la zona (Avenida de la Constitución) sin suerte. Al fin vemos la luz al final del túnel y vislumbro una mesa a lo lejos con dos sillas,  “las otras cuatros que nos hacen falta ya me encargaré de conseguirlas” (pienso para mis adentros). Voy casi al galope para llegar antes que nadie, lo consigo, pero se me acerca el camarero y me comunica con altivez: “aquí es obligatorio consumir medias raciones o raciones”. Parece como si mis pies tuvieran vida propia y a modo de latigazo de dolor ladraran al escuchar al camarero.

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